El cuento
Un cuento es una narración breve que es creación o ficción de un
autor o de varios autores, basada o no en hechos reales, inspirada o no en
anteriores escritos o leyendas, cuya trama es protagonizada por un grupo reducido
de personajes, y que tiene un argumento relativamente sencillo. No obstante, la
frontera entre cuento largo y novela corta por cierto no es fácil de trazar.
El
cuento es transmitido en origen tanto por vía oral como escrita, aunque si
mucho nos retrotraemos en el tiempo, lo más común era por tradición oral.
Además,
puede dar cuenta de hechos reales o fantásticos pero siempre partiendo de la
base de ser un acto de ficción, o mezcla de ficción con hechos reales y
personajes reales. Suele contener pocos personajes que participan en una sola
acción, y hay quienes opinan que un final sorpresivo es requisito indispensable
de este género. Su objetivo es despertar una reacción emocional impactante en
el lector. Aunque puede ser escrito en verso, generalmente se da en prosa. Se
realiza mediante la intervención de un narrador, y con preponderancia de la
narración sobre el monólogo, el diálogo, o la descripción.
El
cuento, dice Cortázar, como en el boxeo, gana por knock out; mientras que la
novela gana por puntos. El cuento recrea situaciones. La novela recrea mundos y
personajes (su psicología y sus caracteres). 1
En
resumen, un cuento es una obra de ficción que se
desarrolla en cierto universo de seres y acontecimientos. Además, un narrador
es quien allí presenta a los personajes, los puntos de vista, los conflictos, y
el desenlace.
Clásicamente,
un cuento se caracteriza por su corta extensión pues por cierto debe ser más
corto que una novela, y además, suele tener una estructura cerrada donde
desarrolla una historia, y allí solamente podrá reconocerse un climax. En la
novela, y aún en lo que se llama novela corta, la trama desarrolla conflictos
secundarios, lo que generalmente no acontece con el cuento, ya que éste sobre
todo debe ser conciso.
Había una vez una niña muy bonita. Su madre le había hecho una capa roja y la muchachita la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.
Un día, su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuela que vivía al otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese por el camino, pues cruzar el bosque era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo.
Caperucita Roja recogió la cesta con los pasteles y se puso en camino. La niña tenía que atravesar el bosque para llegar a casa de la Abuelita, pero no le daba miedo porque allí siempre se encontraba con muchos amigos: los pájaros, las ardillas...
De repente vio al lobo, que era enorme, delante de ella.
- ¿A dónde vas, niña?- le preguntó el lobo con su voz ronca.
- A casa de mi Abuelita- le dijo Caperucita.
- No está lejos- pensó el lobo para sí, dándose media vuelta.
Caperucita puso su cesta en la hierba y se entretuvo cogiendo flores: - El lobo se ha ido -pensó-, no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve un hermoso ramo de flores además de los pasteles.
Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la Abuelita, llamó suavemente a la puerta y la anciana le abrió pensando que era Caperucita. Un cazador que pasaba por allí había observado la llegada del lobo.
El lobo devoró a la Abuelita y se puso el gorro rosa de la desdichada, se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperucita Roja llegó enseguida, toda contenta.
La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada.
- Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes!
- Son para verte mejor- dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.
- Abuelita, abuelita, ¡qué orejas más grandes tienes!
- Son para oírte mejor- siguió diciendo el lobo.
- Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes!
- Son para...¡comerte mejoooor!- y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la niñita y la devoró, lo mismo que había hecho con la abuelita.
Mientras tanto, el cazador se había quedado preocupado y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la Abuelita. Pidió ayuda a un segador y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba.
El cazador sacó su cuchillo y rajó el vientre del lobo. La Abuelita y Caperucita estaban allí, ¡vivas!.
Para castigar al lobo malo, el cazador le llenó el vientre de piedras y luego lo volvió a cerrar. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de cabeza y se ahogó.
En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero Caperucita Roja había aprendido la lección. Prometió a su Abuelita no hablar con ningún desconocido que se encontrara en el camino. De ahora en adelante, seguiría las juiciosas recomendaciones de su Abuelita y de su Mamá.
FIN